Ya he ido al onsen (baño termal). Ya soy mayor y más japonés. Y todo gracias a mis papis, que me llevaron a Kawazu, en Izu. Valió la pena aguantar los atascos, el calorazo, las diferencias de opinión entre mi papi-chófer y mi mami-navigator, etc. Sólo demoramos 7 horas para cubrir los 200 km que había desde Hamamatsu. Llegamos a Kawazu por la tarde, a eso de las cuatro y sólo nos perdimos una vez para encontrar el minshuku (pensión familiar) donde nos teníamos que alojar.

Vale, era un poco cutre (alguna telaraña por aquí, algún agujero en el tatami por allá...) pero los dueños eran amables, la comida decente, y lo mejor de todo: éramos los únicos huéspedes. Teníamos toooooooooodas las piscinitas para nosotros solos. Había un par dentro y una fuera. A esas que están fuera les llaman rotemburo.

Mi madre-sargento nos ordenó a mi padre-cabo-primero y a mí-soldado-raso que nos preparáramos para subir a la azotea del minshuku, donde estaba el rotemburo. Obedecimos. Llegamos después de cambiarnos de zapatos hasta tres veces (zapatillas para dentro del minshuku-sandalias para salir fuera-sandalias para entrar dentro del rotemburo).

Allí me sacaron la ropita y el pañal. Mi padre también se sacó su ropita (él no lleva pañal). En cambio, mi madre sacó la cámara de filmar, se acercó a la bañera gigante y con un movimiento rápido y certero lanzó la ranita-termómetro. Mi mamá tiene un don especial para hacer cosas que los demás no hacen.

Pronto me dio igual. Mi papá y yo nos metimos en la bañeraza y ouuuuuuuuuu, qué bien, qué calentita estaba el agua, que kimochi ga iiiiii. Cuando mi padre tiraba de mí (me jalaba), mi culito salía a la superficie como un champiñón y me recordaba a algo pero no sé bien qué. Luego vino mi mamá a la piscinita (sin cámara y sin ranita) y estuvimos jugando un rato. Me lo pasé muy muy bien.

Esta mañana hemos vuelto a ir los tres un ratito antes de volver a casa. Mañana pienso montar una rabieta si me meten en ese charco que llaman bañera. Quiero un rotemburo. Y ya.